La madre de Frankenstein

El retrato de un país más católico que los católicos y que
siempre tiene razón 1954. Germán Velázquez regresa a España desde su exilio en Suiza, donde ha pasado más de la mitad de su vida, para trabajar en el manicomio de mujeres de Ciempozuelos. Allí se reencuentra con Aurora Rodríguez Carballeira, una parricida
paranoica, eugenésica, inteligente, brillante, que él conoció en la clínica de su padre a los 13 años y le fascinó hasta el extremo de hacerse psiquiatra. Y también se encuentra con un país que ya no reconoce: la rotundidad del sol, las cabezas humilladas de las mujeres, otras banderas, otros nombres en las calles, miedo, silencio…

Un pacto con la propia Almudena Grandes nos lleva a realizar la adaptación de esta novela, la quinta de los Episodios de una guerra interminable, situada en los años 50 en pleno franquismo, a un manicomio de mujeres, el retrato de un país donde las diferencias sociales e ideológicas son lo que determinan las relaciones humanas. La madre de Frankenstein es una novela extraordinaria por muy diversos motivos. El primero: porque el retrato de la España de los años 50 vista por alguien que se ha educado, que ha estudiado y ha crecido fuera de este país es fantástico.
Todo lo que es normal en cualquier otro contexto acontece aquí de una manera peculiar y cargada con una intención siempre retorcida, y eso es lo que le pasa a Germán cuando llega al manicomio para mujeres de Ciempozuelos. Madre mía todo lo que hay que pensar antes de hablar con quien sea, ¡especialmente con una persona del otro sexo!

La madre de Frankenstein

Anna tiene la necesidad de sentirse viva, tiene la necesidad de amar y de ser amada, no puede dejar de ser como es, de querer vivir: “Tenemos ese deseo impreso en el anOtro motivo: porque viendo todo lo que pasa en este manicomio y todo lo que se cuenta en la novela, vinculado a las historias más íntimas de los personajes habían contado la historia real de los años 50 de nuestra dictadura, nunca habíamos podido saber de dónde venimos y por qué nuestro comportamiento es lo que es y no otro.
Otro motivo es este personaje impresionante, Doña Aurora Rodríguez Carballeira, la asesina de Hildegard (su hija superdotada a quien asesinó porque ella la había creado, y por lo tanto ella debía destruirla), mujer brillante, inteligente, que se cree superior a los demás, eugenésica, metáfora del país en el país católicos mismos y más puro que los puros, que siempre tenía razón y que se imponía por cualquier medio. Y un país cerrado con cerradura y cerrojo. Hemos intentado ser fieles al texto de la Almudena porque éste es el único camino para entenderlo y dotarlo de la grandeza que tiene.
Carme Portaceli Roig

Autoría Almudena Grandes
Dirección Carme Portaceli
Adaptación Anna Maria Ricart Codina
Espacio escénico Paco Azorín
Alessandro Arcangelio
Iluminación David Picazo (AAI)
Vestuario Carlota Ferrer
Coreografía y movimiento escénico Ferran Carvajal
Espacio sonoro y música Jordi Collet

Audiovisuales Miquel Àngel Raió
Sonido Carlos Gómez
Ayudante de dirección Montse Tixé
Ayudante de iluminación Daniel Checa
Ayudante de vestuario María García Concha
Fotografía Geraldine Leloutre
Vídeo Bárbara Sánchez Palomero
Editorial Almudena Grandes Tusquets Editores
Intérpretes: Ferran Carvajal, Jordi Collet, Pablo Derqui, David Fernández